La segunda parte de El silencio de las sirenas que hemos leído
nos presenta la historia de Elsa y nos habla de su relación con Agustín Vales. En
estas páginas, damos cuento de que aparte de sus sueños, Elsa ha visto a
Agustín solo dos veces. Sin embargo, el amor que ella siente por este hombre es
real, al menos en su mente. Parece que para Elsa los sueños son más tangibles
que la propia realidad. Ella se inventa un amor y le infunde vida. Como lectores
preguntamos si el hecho de que este amor existe en la mente de Elsa es bastante para darle justificación.
El epígrafe que abre el libro nos da algunas pistas para que podamos interpretar
el amor distinto que Elsa ha creado. Esta cita dice: “Pues Dios permite que lo
que no exista sea intensamente iluminado.” Es fácil cuestionar la validez del
amor que Elsa siente y decir que es irreal, porque sus sentimientos apasionados
contradicen la realidad racional y todo de lo que estamos acostumbrado. Seguramente, este amor no es tocable ni
visible en ningún sentido fisco. Sin embargo, La cita que abre la novela, insinúa
que hay muchas cosas intocables en este mundo que casi todos nosotros todavía
podemos sentir – cosas que pueden confundirnos, abriendo la puerta de la introspección.
Creo que esto es un tema central del libro que seguirá desarrollando durante el
resto de la historia.
ME GUSTA ESTO: Sin embargo, La cita que abre la novela, insinúa que hay muchas cosas intocables en este mundo que casi todos nosotros todavía podemos sentir – cosas que pueden confundirnos, abriendo la puerta de la introspección.
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