Durante el segundo acto de La Casa de Bernarda Alba, Lorca sigue usando el simbolismo en una manera deliberada e intensa. Por ejemplo, el calor del verano representa la pasión y el deseo que agobian a estas mujeres; la tormenta que ocurrió ayer por la noche presagia una maldición inminente; y el camisón que cose Martirio concuerda con la distinción decisiva entre hombres y mujeres porque los hombres nunca están permitidos a ver las mujeres en sus camisones.
A mí me interesa mucho el último ejemplo sobre el camisón porque refuerza el tema que tiene esta obra sobre la separación entre el papel y estado de los hombres y el papel y estado de las mujeres. Mientras las mujeres se quedan en casa, haciendo una cosa que nosotros tradicionalmente asociamos con las mujeres – la costura – ellas ven, en secreto, a los hombres que trabajan en el campo. Las mujeres deben que se queden en casa y mantengan su papel tradicional como amas de casa, pero los hombres, quienes están a fuera, pueden hacer cualquier cosa sin ramificaciones. Esta yuxtaposición muestra con mucha ironía la dificultad de ser una mujer en un mundo tan represivo. En el primer acto, Magdalena, en particular, expresa su oído de la costura. A ella no le gusta tener una vida tan aburrida y sin sentida. Sin embargo, las tareas de casa parecen que ser las únicas cosas que las chicas de esta obra tienen. Creo que esto es un mensaje que resuena durante la obra entera.
El dialogo sobre el camisón es interesante también porque el lector puede hacer contactos entre esta escena y la escena con las gallinas en el primer acto. Aunque Martirio y La Poncia dicen que nadie debe ver a una mujer en su camisón nunca, Adela quiere llevar su camisón para que todos vean, así como ella lleva el vestido verde para las gallinas en el primer acto. Es obvio que Adela está poseída por una pasión – un “fuego” – sexual que nadie puede ignorar.
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