Después
de leer estas dos cuentas, “Preámbulo para atrapar sueños”, y “El origen de los luciérnagas”, siento que tengo una idea del estilo del
autor. Las dos cuentas, aunque no tienen
mucho en común literalmente, tienen un sentido de misterio y fantasía (casi
realismo mágico) que me he dado cuenta existe en todas las cuentas que hemos leído de Tabaco
frito. En cada cuenta, hay el sentido de maravilla que existe en los niños. En “Preámbulo
para atrapar sueños,” el narrador ya está adulto pero de verdad todavía identifica
con los sentimientos de su hija y la manera de ver el mundo que ella tiene—y que
él tenía de niño. Lo que estas dos cuentas han aclarado para mí es el tema de
la niñez y la inocencia y cómo los adultos relacionan con estas ideas.
“Preámbulo
para atrapar sueños” me recordó fuertemente de una cuenta que me gustó mucho cuando
era niña escrito por Roald Dahl. En la cuenta, un gigante tiene el trabajo de
atrapar sueños—los malos y los buenos—y distribuirlos por el mundo. Los dos
personajes de esta cuenta—el gigante y una niña—también me recuerda de los dos
personajes en “Preámbulo.” De hecho, ¿quién no ha pensado en su padre como
gigante de muy pequeño? Pero sobre todo el tono de la cuenta y el sentido sutil
de la tristeza de la perdida de inocencia me han ayudado conectarlo con mis
propios sentimientos de este libro de niños—en unas maneras, yo conecto ahora
más con el padre en esta cuenta.
Todas
las cuentas que hemos leído de Tabaco frito se han tratado de temas similares,
aunque al principio no lo parecía. Ha
sido un ejercicio interesante leer muchas cuentas del mismo autor y pensar en
las razones por que surgen los temas como la inocencia, la niñez, el perdido de
equilibrio, y el miedo del futuro o de la muerte. Sin entrar en el asunto de si
los temas han sido intencional del autor o no,
ver las conexiones entre cada cuenta ha sido muy útil para entender cada
cuenta separada.
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