Un pasaje de “El
origen de las luciérnagas” me recordó de nuestras discusiones sobre la relación
entre los muertos y los vivos. Álvaro sabe que su abuela va a morir y además
que el también pero decide no pensar en eso sino piensa en cómo es la muerte o
la vida después de esta vida. Además le interesa hablar con los muertos para
defender él y sus hermanos de su tío Javier. Es interesante a mí que le
preguntaría para ayuda y una intervención en el mundo de los vivos en vez de un
tipo de protección de la muerte. Me parece una pregunta muy práctico en vez de
una más filosófico—¿cómo debemos vivir cuando todavía estoy vivo?—sino algo más
concreto, que de una manera es una manera de mejorar la vida.
También es
interesante la frase “Y no será capaz de contar que hace diez y siete
años que decidió ser quien es” porque en El origen de las luciérnagas” parece
que hay un división entre el narrador y su hija que es más capaz de atrapar los
sueños por su edad. Pienso que cuando
somos muy jóvenes no decidimos exactamente quienes somos pero cuando crecemos
tenemos que tomar decisiones más grandes que muestran nuestra identidad. Además,
los sueños no tienen mucho peso en nuestro mundo de adultos porque pueden ser extraños
y no son reales. Pero para los niños pienso que el mundo de los sueños es más
conectado con la imaginación y también con el sentido de la ambición. Es más difícil
sonar literalmente como adultos y también en el sentido de cambiar la vida drásticamente
para perseguir una identidad o misión nueva.
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