Este cuento final, tal y como los demás, está
relacionada con la inseguridad. Sin embargo, tema central de esta historia es
bastante más positivo, y asocia símbolos de dolor, como la sangre y las cicatrices
con algo más optimista. Es decir, esos símbolos de daño y sufrimiento se
convierten en símbolos de cambio y esperanza. De hecho, el narrador dice que la
idea de pensar en las cicatrices como “una especie de bendición” se recuerda de
“exorcismos contra todos los males, conjuros para la felicidad”. Por lo tanto, es obvio que la inseguridad que
está representada en las historias de este libro empieza a cambiar al final para
convertirse en algo más adulto y más alegre. Sin embargo, existe una mezcla de
sentimientos con respeto a la madurez. Más bien, el evento con el juego de
ajedrez nos hace pensar en las inseguridades que vienen de la edad adulta. En
ese momento, los cambios dejan de representar oportunidades para el futuro para
convertirse en amenaces hacia sí mismo.
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